"La fiancée du danger", como la conocían en Francia. La fuerza envestida de mujer. No había batalla que hiciera temblar su pulso. Fue la mujer que se colocó frente a los aviones de guerra, helicópteros y globos aerostáticos, para controlarlos y dejar su huella femenina.

Fue la primera mujer en pilotear un bombardeo durante la Primera Guerra Mundial.

Su infancia estuvo enmarcada en el deporte. Cada disciplina que descubría, buscaba dominarla, pese a que estas no fuesen las más femeninas ni acordes para el rol de la mujer en su época. De ahí viene su carácter perseverante, seguro y luchador. 

Comenzó a marcar pauta en la historia de la mujer, al ser la primera que ganara una competencia de tiro militar.  La escalada también estuvo en la lista y la llevó a conquistar las montañas más altas de Francia y Suiza. 

Su coraje no se quedó en el aire. Intentó ser soldado y colarse en el frente de su ejército, hasta que fue descubierta. Desde entonces, decidió colaborar como enfermera de la Cruz Roja.

Luego de la guerra, se dedicó al periodismo en el norte de África y comenzó un proyecto de almbulancias aéreas que le hizo merecer La Medalla de la Paz en Marruecos y, paradójicamente, se convirtió en un gran aporte durante el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Su historia y reconocimiento vive dentro de las fronteras de Francia. Su nombre no entró en esta época de globalización. 


Sin embargo, me permito hacerle mención y demostrarles que una mujer llena de gallardía, pasión y tenacidad, es imparable.